Hace 20 años se empezó a aplicar por primera vez el posicionamiento por satélite (GNSS) a una cosechadora de cereales, y nació lo que actualmente conocemos como agricultura de precisión.

El concepto es sencillo, si las parcelas no son homogéneas y en diferentes zonas el cultivo se comporta de forma variable, ¿Por qué no dar diferente cantidad de nutrientes y agua en cada zona, en lugar de hacerlo uniformemente como se viene haciendo desde hace siglos?

Es decir, si conseguimos aportar a cada parte del terreno lo que necesita, produciremos más eficientemente y de forma más sostenible.
Sin embargo, llevar a cabo el concepto no es tan sencillo.
Se han necesitado más de 20 años para desarrollar lo que se conoces hoy día como:
Tecnologías de la información y de actuación.

Las tecnología de la información son aquellos dispositivos que permiten captar datos de la planta, del suelo, del clima, de la maquinaria y convertirlos en mapas georreferenciados.

Pueden ser: 

  • Sensores de suelo (miden la conductividad eléctrica, materia orgánica del suelo, humedad…)
  • Sensores de vegetación (miden ópticamente el vigor de los cultivos)
  • Sensores de cultivo fijos (Sensores instalados en campo para registro continuo de la humedad del suelo, de la planta, pluviometría, temperaturas)
  • Y la teledetección: Técnica que consiste en la extracción de datos de la superficie terrestre a través de sensores instalados en plataformas especiales, como satélites o drones.
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